por Víctor Amat

Víctor Amat es Psicólogo, neurolingüista postpunk y psicoterapeuta schrödingeriano. Piensa que las dificultades de la vida siempre tienen solución.

Una de las cosas que observo que nos hace padecer, es la voluntad de ser otros. Quiero decir, estar seguros de que no estamos locos, de que somos personas de pro, de que podemos estar delgados, ser organizados, ordenados, en fin, de ser una especie de suizos mediterráneos. Pues va a ser que no.

Los psicólogos íbamos a quedar sin trabajo si las personas pudiéramos aceptar que tal vez nunca seremos ese suizo o californiana perfectos que los vídeos que inundan las redes sociales nos impelen a ser.

¿Para quién o para qué quieres ser otro?

Alguien nos hizo creer que si no éramos mucho más perfectos de lo que somos seríamos más felices, y ahora, lo trendy es aceptarse. También hay una búsqueda de la salud perfecta detrás de la murga de la aceptación.

Uno puede labrarse el infortunio a condición de que quiera ser quién no es.

Acéptalo, la vida nos juega partidas perversas y nosotros solemos ser unos enfermos incurables, de modo que para poder funcionar y pasarlo lo mejor posible, tal vez sea importante hacerse cargo de que padecemos una especie de enfermedad crónica. Nuestra identidad.

¿Cómo encara la vida alguien que padece diabetes? No debe de ser nada fácil, primero hacer un duelo de lo que sería una vida “normal”, pongamos por caso. Más tarde, por fuerza, uno se adapta, aprende a regularse y al final hasta disfruta de la vida, en el caso de que se haga cargo de la situación de una manera madura. No sé si es un ejemplo afortunado, sabréis perdonarme, pero es para ilustrar la idea. La mejor manera de afrontar los avatares de la vida, puede ser el hecho de conocer quién soy.

Déjate de monsergas, eres un tipo con claroscuros.

No es asunto fácil resolver este tema puesto que llevamos toda una vida intentando engañarnos a nosotros mismos, me refiero a que uno piensa que es alguien DETRÁS de quién es en realidad. La gente suele decirme cosas como “descubrir quién soy en realidad” o “ayúdame a deshacerme de esa parte de mí que me sabotea”, y entonces me doy cuenta del gran nivel de sufrimiento que acarrean al creerse todas esas mandangas. Probablemente estamos muy cerca de ser ése que hace lo que hacemos, no otro.

Eres ése que hace lo que haces.

Ups, no quería ser tan rudo exponiendo el tema, pero me temo que es así. ¿Te das cuenta? Resultas un enfermo incurable, en el mejor sentido de la frase, claro.

La clave del asunto radica en aprender a manejar la vida de una manera eficiente que nos permita sobrevivir e incluso sacarle partido al tema. Como deportista profesional aprendí que no podía ser otro y que tenía que sacarle partido a quién realmente era yo. Por supuesto, mejoré copiando cosas que los otros hacían e hice mejor lo que otros no hacían. Más tarde, como entrenador, usé el mismo principio para obtener alto rendimiento de mis pupilos.

¿Cómo podemos sacarle el jugo a la vida con nuestras capacidades? Es una cuestión crucial para encarar el futuro.

Es un tema espinoso y, en ocasiones, irracional. Esto da para un máster y no tenemos tanto tiempo, querido lector, de tal modo que si has llegado hasta aquí, tal vez te interese una de mis famosas intervenciones en tres pasos para investigar cómo se puede manejar el tema:

  1. Reconoce que eres incurable y además, empeoras a medida que te pides ser otro. Eso quiere decir que vas a tener que pensar en cómo ser campeón con tus capacidades. ¿Se puede ser moderadamente guay llegando siempre tarde? ¿Puedes perfeccionar el hecho de que trabajas dejándolo todo para el último minuto? ¿Qué pasa si eres un llorón en el trabajo pero al final haces el trabajo?
  2. ¿Lo has reconocido? Date seis meses de duelo. Toma vacaciones de querer cambiar. Prohíbete cambiar nada en el próximo semestre.
  3. Encara el futuro sin engaños ¿Qué tiene de malo ser imperfecto?